Wednesday, August 11, 2010

Juemadre.

Cómo pasa el tiempo... cómo cambia la vida. El post anterior sobre mi misma lo escribí en 2005. Cinco años han pasado y... ¡hay cosas que logré! que de hecho, conseguí... y sigo para adelante.

Sobre mí misma, he sacado recientemente una teoría acerca de los principios: hay cuatro cosas que considero irrenunciables, inflexibles e inmutables (lo demás es para mí, negociable... o por lo menos, flexible).

1- La honestidad
2- La responsabilidad
3- La justicia
4- El respeto

Me parece que todas están ligadas unas a otras e implican una gran cantidad de compromisos con uno mismo... porque dejenme decirles que decir todo el tiempo la verdad, es muy jodido. Sobre todo, decírsela a uno mismo. Ser justo con uno mismo, respetarse y además asumir las consecuencias de todas las acciones y omisiones...exige mucha consistencia y coherencia. Cualidades que suelen ser escazas en los seres humanos. Cuánto he sufrido por mis propias inconsistencias, porque te pones reglas para ángeles en un mundo de humanos... por querer hacer siempre lo correcto.

Por ejemplo... quería estudiar Bellas Artes y me dió miedo, miedo al fracaso, miedo de ser incompetente... así que decidí estudiar Arquitectura y me dió miedo. Me decían que era un desperdicio, que yo qué iba a hacer allá pegando palitos. Así que estudié finanzas y relaciones internacionales. Me costó tanto adaptarme a ese ámbiente frívolo y competitivo... luego terminé mi carrera en Canadá y supe que mi destino era salvar el mundo. Jaja... como si pudiera salvarse.

Me avoqué a mi tarea, trabajé en Naciones Unidas y ¡qué triste es tener un corazón bueno y que te lo dañen! pocos de los que trabajaban conmigo recuerdan que están ahí para ayudar a otros, solo pensaban en el status y el ego. Entonces, quise poner en buen uso mi "energía creativa" y partí a Buenos Aires a estudiar periodismo ¡Qué gran fracaso! no era nada de lo que esperaba. Peor aun, yo no era lo que esperaba, me dí mucho palo.

Además, me dí palo porque estando comprometida, me enamoré de otro. Un otro que es como todos esos otros de los que uno no debe enamorarse, y para completar, estaba en Bogotá. Una relación completamente platónica con un terrible vacío en el estómago que yo había jurado no volvería a sentir. Por un personaje hipócrita, fanático, de doble faz, por un personaje romántico, luchador, creativo, exitoso y buen conversador. Un personaje que no apostó y yo... tampoco aposté. Tenía a mi lado a un hombre que es perfecto. Que es el hombre correcto. Sensible, inteligente, trabajador, comprometido, activista social, juicioso, buen amigo, fiel. Y me casé con ese hombre perfecto. Ese que ama las películas de terror.

Miro un poco en retrospectiva y siento que mi amor fue cobarde, que estaba con muchas cicatrices que no quería me volvieran a abrir. Siento que este es un amor tranquilo, pero no sé si feliz. Y eso duele. Duele mucho. Porque aquí ninguno de mis principios: ser honesto, ser responsable, ser respetuoso y ser justo, funciona. Porque nada de eso evita este constante dolor, este constante cuestionamiento. Nada de eso evita que salga lastimado un ser maravilloso a quien metí de cabeza en el desorden de mi vida y de mi corazón.

Pero, lo que me propuse lo conseguí: estudiar periodismo, vivir en Buenos Aires... tener un hombre bueno a mi lado.

Mi amor por la intensidad de la vida, se ha opacado. No sé si son los años, el trabajo, el poco tiempo que hay para pensar. Cuando comencé este blog tenía 24 años... ahora que me voy acercando a los 30, parece que hubiera vivido con mucha velocidad y que mi espíritu, mi cuerpo y mi mente, se sintieran de repente agotados ¡Tantas emociones! ¡Tantas luchas! ¡Todo tan intenso!

Cuando regresé de Buenos Aires, ya amaba ese espíritu viejo y melancólico de la ciudad. Estaba a gusto con mi obligada soledad. Llegué con ganas de hacer cosas nuevas, de entrarle a un periodismo social, profundo, de calidad. Pero no se dio. Todo fue al tiempo: retomar el tema de casarme, casarme, alejarme de ese amor platónico, buscar trabajo, tener casa nueva, no tener un centavo, volver a estudiar francés, hacer la tesis. Y en medio de todo eso: un mensaje divino.

Entré a trabajar en Cultura. Mis ojos brillaban: volvía a mis origenes ¿es posible ser gestor cultural en Colombia? ¿vivir de eso? Allí en esa oficina llena de mochilas, de gente valiente que quiere transformar a este país a través del arte, que quiere demostrar que la cultura es un sector productivo. Allí estaba yo, con mis vestidos de colores y mi pelo largo. Haciendo mi tesis sobre Antanas --a quien admiro profundamente-- trabajando para desarrollar mejores modelos de gestión, para traer recursos a este sector. Inmensamente feliz, inmensamente estresada, llena de trabajo, sin parar, sin parar. Pidiendo de mí una flexibilidad de la que no soy capaz: improvisar, apagar inciendios. Yo creo en planear, creo en el control ¡Qué gran aprendizaje! Además, con un equipo de estrellas. Un equipo de ensueño ¡Qué bueno ha sido contar con esos colegas, esos socios, esos amigos, esos compañeros! ¡Con qué profundidad los amo!

Y sin embargo, hace muchos años que no me sentía tan sola. Estoy casada y tengo un equipo de trabajo maravilloso. Pero me siento sola. Nadie que romantice conmigo acerca de la vida... nadie que pueda sentir las emociones que siento en mis pequeñas locuras. Mis amigos están lejos. Tengo poco tiempo y poca energía para cultivarlos.

En medio de este proceso de dulce agotamiento. También hay algo que conseguí: ¡Soy docente! y me hace sentir muy plena. Es una experiencia maravillosa... que me mantiene alerta.

¿Qué sigue para mí en la vida? No lo sé. Solo quiero bajarle la velocidad. Quiero poder escribir de nuevo. Poder volver a pensar. Tener el derecho de volver a ponerme triste y derramar algunas lágrimas. Quiero tener el derecho de levantarme temprano (sin que nadie me reclame que me vaya de la cama) y caminar por las calles solitarias inundadas por la luz de la mañana. Quiero salir a tomarme unos tragos sin quedarme dormida de físico cansancio.

Quiero tener un perro grande que me cause ternura. Quiero viajar sin afanes y sin que nadie me espere en ningún lugar. Quiero re-enamorarme... pensar en este hombre me ama incondicionalmente, que es mi mayor tesoro y mi mayor bendición y sentirme inmensamente feliz y no extrañar entonces a ningún fantasma del pasado. Pero eso requiere tiempo. Hay que invertir tiempo.

Por un momento, quisiera dejar de planear cosas. Solo quisiera vivir, sin pausa, pero sin prisa. Y ahora con los ojos operados, con una visión, definitivamente, más amplia. Jeje. Seguiré tratando de romper mis propios esquemas, menos esos cuatro principios fundamentales. Por ejemplo, quisiera vivir en una ciudad más pequeña y por qué no... de tierra caliente. Por ejemplo, ya no ahorro tanto. De hecho, he dejado de controlar tanto mis finanzas...

Hay cosas que no quiero cambiar, quiero seguir trabajando para este país. Quiero seguir amando la vida... pero quiero dejar de guardar tantos recuerdos e ir más liviana... ahora que me estoy volviendo vieja. Y no quiero dejar de ser tan conquistadora (qué bueno es sentirse admirado... jeje).

"Fragile and Precious things, need special handling... things get damaged, things get broken, I thouhgt we'd manage, but words left unspoken..." Depeche Mode.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home